Kilian Toledo, director del proyecto GLORiA 2: “En acuicultura, el aumento de la temperatura del mar genera una mayor tasa de incidencia de enfermedades que pueden disminuir la producción”
Kilian Toledo, director del proyecto GLORiA 2
El proyecto GLORiA 2 -GLObal change Resilience in Aquaculture- es uno de los proyectos centrados en acuicultura de la última convocatoria del programa Pleamar. Durante estos meses, se está avanzando en trazabilidad de los peces escapados a través de novedosas metodologías y de la colaboración entre profesionales de diversos ámbitos gracias a la red de trabajo generada en la primera edición del proyecto. Un proyecto en el que la ciencia de datos tiene mucho que decir y que descubrimos de la mano de su director, Kilian Toledo.
Como ecólogo marino, has investigado aspectos muy diversos. Si tuvieras que elegir una, ¿con qué investigación?
Toda la línea de investigación relacionada con el asilvestramiento de los peces que se escapan desde las jaulas de cultivo me resulta especialmente interesante. Analizar los cambios fisiológicos y de comportamiento que debe llevar a cabo un pez escapado para poder sobrevivir en el medio natural nos puede dar pistas no solo de las interacciones ambientales que puedan existir, sino información importante para acciones de restocking de poblaciones salvajes, que muchas veces se llevan a cabo sin apenas tener en cuenta las características de los peces que se liberan al medio.
Desde que comenzaste tu carrera investigando el medio marino ¿qué cambios ocasionados por la crisis climática ha percibido en los ecosistemas?
A lo largo de mi carrera he tenido la oportunidad de trabajar en diversos lugares, como las Islas Canarias, Noruega o el Mediterráneo. En todos, he percibido alteraciones de procesos ecológicos ligados a la crisis climática. En Canarias, por ejemplo, es evidente la desaparición de algas pardas erectas debido al aumento de la temperatura del mar, que a su vez ha favorecido al erizo de mar Diadema africanum, dejando los fondos rocosos de las islas desprovistos de cubierta vegetal que pueda sostener una red trófica en buen estado. En el caso de Noruega, es constante la llegada de especies marinas que provienen de aguas más cálidas al sur y que, anteriormente, no se habían observado tan al norte. En el Mediterráneo, en las últimas décadas hemos sido testigos de un aumento en la frecuencia e intensidad de episodios climáticos extremos como las DANAs, o la misma tormenta Gloria en 2020, que dejó registros de vientos y alturas de ola raramente vistos.
¿Cómo afectan los efectos climáticos adversos a las producciones pesqueras y acuícolas?
Los efectos son múltiples. En el caso de la acuicultura de peces marinos, tenemos, por un lado, el aumento de las temperaturas del mar que podría favorecer tasas de crecimiento más altas en los peces de cultivo. Esto podría resultar ventajoso si no fuera porque las altas temperaturas también generan una mayor tasa de incidencia de enfermedades que pueden disminuir la producción de una manera importante. Por otro lado, el aumento de la frecuencia e intensidad de los eventos climáticos extremos golpea directamente a las infraestructuras de las instalaciones de acuicultura, causando daños estructurales y pérdidas de biomasa de peces en cultivo que pueden comprometer la viabilidad de las empresas. En cuanto a la producción pesquera, el cambio climático está alterando la distribución y abundancia de ciertas poblaciones de peces. Lugares como las Islas Canarias cuentan ahora con una red de análisis de concentración de ciguatotoxina en peces depredadores de gran tamaño antes de ser consumidos. Esta problemática ha surgido por un proceso de tropicalización que está ocurriendo también en el Mediterráneo.
¿Cómo ha sido su experiencia con la primera parte de GLORiA?
El proyecto GLORiA ha sido un reto. Hemos creado, en apenas un año, una red de trabajo con todas las partes implicadas, para poder establecer criterios en la gestión de los escapes masivos, y esto no es sencillo. Además, hemos podido abordar cuestiones y proponer posibles medidas de gestión novedosas, pero también nos ha ayudado a tener una visión más global sobre la problemática del cambio climático para la acuicultura en mar abierto. No cabe duda de que, con la primera parte de GLORiA, hemos detectado múltiples líneas de investigación que no nos planteábamos al inicio del proyecto.
¿Qué espera conseguir en la segunda fase del proyecto?
Queremos profundizar en muchos aspectos que vienen de la primera fase. Por ejemplo, conseguir una mayor participación por parte del sector pesquero a la hora de gestionar los escapes. En GLORiA2 vamos a darle mucha importancia a los aspectos socioeconómicos relacionados con los escapes, ya que se sabe muy poco sobre la comercialización de peces escapados. Vamos a mejorar en materia de predicción de eventos de escapes gracias a la ciencia de datos, y también en la distinción entre peces escapados, salvajes y cultivados gracias a diferentes biomarcadores de trazabilidad. Nuestra intención es generar una batería de herramientas que ayuden no solo a la industria sino también a las administraciones públicas y al consumidor final, para que puedan tomar decisiones de gestión y consumo informadas.
¿Qué aspectos de la primera parte del proyecto cree que deben mantenerse en la ejecución de GLORiA 2? ¿Cuáles cree que deben cambiar o evolucionar?
Realmente, GLORiA2 se construye sobre los cimientos que la primera parte del proyecto ha asentado. Eso sí, hay ciertas líneas que hemos completado y que no estarán en esta segunda parte. Por ejemplo, el análisis de contenido en antibióticos de peces escapados ya lo hemos cubierto, puesto que analizamos un gran número de peces en la primera parte del proyecto y encontramos que no parece ser un problema importante (aunque en casos puntuales sea necesario gestionarlo). Sin embargo, vamos a avanzar mucho en todo lo que es la trazabilidad de los peces que se escapan utilizando herramientas muy novedosas. También vamos a tener datos pormenorizados sobre el efecto que tienen los escapes masivos en los precios a lo largo de la cadena de comercialización, así como la percepción del consumidor sobre la problemática de los escapes. Son cuestiones que apenas se habían trabajado y que en esta segunda parte del proyecto serán centrales.
¿Cómo de relevante cree que es la cooperación entre los centros de investigación, las cofradías locales y las administraciones públicas en la gestión de proyectos como el suyo?
La gestión participativa está en el ADN del proyecto GLORiA desde el inicio. Como investigadores, sabemos que solo tenemos una imagen parcial de los problemas y es necesario contar con la participación de todas las partes implicadas para hacer propuestas realistas que sean favorables para todos. La generación de relaciones de confianza con otros centros de investigación, cofradías, administraciones públicas y, por supuesto, empresas de acuicultura, es indispensable para que estos proyectos puedan aportar más allá de los informes científico-técnicos o publicaciones que podamos realizar. Entre todas las partes podemos crear modelos de gestión participativa que ayuden al sector acuícola a prepararse para un escenario de cambio global que ya está sucediendo.
Uno de los puntos en los que más se focaliza su proyecto es en relación con los escapes de peces, ¿podría explicarnos en qué consiste exactamente y por qué es relevante?
Actualmente, la cría de peces marinos se lleva a cabo principalmente en jaulas flotantes en mar abierto. Debido a diferentes causas, puede haber escapes de estos peces al medio natural. Solemos clasificarlos en tres tipos de escapes: “masivos”, “por goteo” y “por desove”. Los escapes masivos ocurren cuando la biomasa de peces escapados es importante y tienen lugar de manera puntual. Estos escapes se suelen producir por eventos climáticos extremos que dañan las instalaciones, pero también se han producido en el pasado por sabotajes o por accidentes con otras embarcaciones. Luego tenemos los escapes por goteo, que se suelen producir por la presencia de agujeros en las jaulas o durante las tareas de despesque. Los escapes por goteo no liberan una gran cantidad de peces al medio, pero sí son recurrentes. Por último, el escape por desove sucede cuando los peces alcanzan tallas de maduración dentro de las jaulas, tienen la capacidad de reproducirse y, por tanto, se liberan al medio huevos fecundados que potencialmente llegarán a ser peces adultos.
¿Cómo pueden los avances tecnológicos mejorar la identificación de los peces escapados?
GLORiA2 ha reunido a un equipo multidisciplinar de investigadores que aportarán su conocimiento sobre técnicas novedosas para resolver la identificación de peces escapados. En la Universidad de Alicante, contamos con investigadores del Departamento de Tecnología Informática y Computación que aplicarán técnicas de machine learning a la identificación de imágenes y su asignación al origen del pescado. Desde el Departamento de Agroquímica y Bioquímica utilizarán técnicas avanzadas de metabolómica, lipidómica y perfiles de ácidos grasos para poder encontrar marcadores bioquímicos que aseguren la trazabilidad. Además, desde el Departamento de Ciencias del Mar y Biología Aplicada trabajamos con estructuras duras como otolitos o escamas para tener herramientas de identificación precisas, rápidas y de bajo coste.
En cuanto a la seguridad alimentaria, ¿por qué es importante mejorar la trazabilidad de los peces escapados que entran en las cadenas de distribución?
Esta pregunta es clave. Desde la Unión Europea se está poniendo en marcha la estrategia “From Farm to Fork” (de la Granja a la Mesa), que estudia la manera de establecer modelos de producción en los que toda la información sobre el origen y la forma de producir alimentos llegue al consumidor final, de tal manera que este pueda realizar decisiones de compra más informadas. En el caso de los peces escapados esta información se pierde completamente. Los peces de las jaulas, que un día estaban siendo cultivados y estaban bajo condiciones controladas, pasan al medio natural y al día siguiente son capturados por pescadores profesionales (y recreativos). Lógicamente, estos peces son descargados en puerto, subastados en lonja y etiquetados como peces salvajes, y es así como llegan al consumidor final. En este punto, todas las ventajas que tienen los sistemas de producción controlada como la acuicultura se pierden y pasamos a consumir un pescado del que no sabemos exactamente su origen y tampoco si es apto para consumo. De manera involuntaria, lo que se produce es un fraude al consumidor final; nosotros estamos tratando de dar herramientas que devuelvan la trazabilidad y, por tanto, empoderar al consumidor con una mayor información disponible sobre el pescado que consume. Esto también impactará positivamente en las empresas de acuicultura, ya que se percibirá que gestionan los escapes y están preocupadas por recuperar la biomasa perdida, poniendo estos peces en el mercado con la etiqueta de cultivados y reduciendo las pérdidas debidas a los eventos de escape.
Uno de los objetivos del proyecto está relacionado con la Red Natura 2000, ¿cómo de importante cree que es esta red en cuanto a la sostenibilidad de los recursos marinos en las costas del Mediterráneo?
La Red Natura 2000 tiene una diversidad y extensión de espacios protegidos que estoy seguro de que pueden llegar a ser clave en la conservación de los recursos marinos del Mediterráneo. Ahora mismo, mi percepción es que la Red Natura 2000 es la estructura de un edificio que necesita ser completado con planes de gestión efectivos en cada uno de esos espacios protegidos. Nosotros queremos estudiar de qué manera puede encajar la actividad acuícola dentro de estos espacios protegidos, qué servicios ecosistémicos puede proveer y qué interacciones ambientales y socioeconómicas deben ser tenidas en cuenta para mitigarlas y promover una coexistencia sostenible de la acuicultura y la conservación en estos espacios.